La gorda

 

chikis x2By Veronica Malamfant

Fiesta, amigos, mucho alcohol, río,  música al mango, todo había comenzado un par de horas atrás, las luces brillaban sobre mi, el famoso country  explotaba de lujuria y glamour, entre un par de fasitos y el agite de los movimientos del cuerpo, todo comenzó a tomar un cariz diferente. Tenía unos hermosos tacos aguja dorados,  una enagua de seda rosa bebe del año 20, con  encaje veneciano negro en su ruedo, que había convertido en improvisada pollera, una bella camisa que marcaba mis pezones sin corpiño,  Mi exagerada delgadez no le importaba a mi voluptuoso pecho que se movía a mi compas mientras caminaba felinamente a buscar un 187 de Chandon.

Una mujer  sobresalía, enorme y voluptuosa en todo sentido, su traje emanaba demasiado brillo ordinario, pero cada vez me acercaba un poco mas. Parecia un magnetismo mágico lo que me direccionaba hacia su lado. De manera cortes me dejo el lugar, sin quitar una de sus manos de la barra. -Me llamo Olive, me susurró acercándose a mi comisura labial con un improvisado español teñido de matices nórdicos. Le sonreí enseguida, correspondiendo a la hospitalidad que siempre me explicaba por haber vivido varios años en el extranjero. Invito, agregó, y mi aceptación le ayudo a juntarse con mis amigos en unos de los reservados vips que teníamos por ser parte del grupo organizador de la fiesta de fin de año.

Los fuegos artificiales tiñeron de a poco el estrellado cielo,  doce campanadas, eran las 12 y el año viejo se había ido para dar paso al nuevo. Los besos de salutación no tardaron en llegar y el que era mi novio en ese momento tardo un segundo de mas, primero me beso apasionadamente Olive, su lengua empapo mis labios, en mudo silencio me decía a gritos que se quería ir a otro lugar mas apartado. Mikele, mi novio, extrañado de mi alejamiento repentino hacia los baños  nos siguió.

Allí, observando todo se quedo hipnotizado, erotizado tal vez no de la enorme mujer sino de su actitud, de tez transparente y mejillas redondeadas, de ojos claros y pelo cual espectro de luz, Noruega  hasta las ultimas consecuencias, parecía no interesarle mirar a mi pareja parado justo ahí cuando comenzó a morder mis nalgas, levantar mi antigua falda y tirar del hilo que anudaba mi tanga con un moño. Se arrodillo ante mi, no mediaron palabras y ya me tenia poseída con su lengua entre mis piernas, mi clítoris vibraba al ritmo de la música electrónica del mejor del DJ del momento.

Su pasión, su locura por devorarme entera me hacia desvanecer, se me aflojaban las piernas, mis sentidos se estremecían de una manera inusual, si bien tenia buen sexo con mikele esto parecía descollar lo conocido, tirar mis años de sexo oral mal hecho para sumergirme en la profundidad de un nuevo conocimiento, el descubrimiento de una nueva civilización, que me estaba conquistando como nada. Mis orgasmos fueron uno tras otro,  tanto goce la violencia con que la enorme mujer me succionaba que tuve que recostarme contra una pared, ya había perdido la nocion del tiempo y el espacio. No lograba entender que sucedia, pero seguía pasando y pasando y pasando cuando la mirada de Mikele y yo nos dijimos todo. Supimos que ambos estábamos extasiados de tanta locura, y de otras cosas que no podía razonar mi cabeza.

Fue una hora, y el tiempo ya no tuvo ni sentido ni razon se había desvanecido había pasado una hora del nuevo año y yo la estaba empezando con una catarata de orgasmos no provistos por mi hombre sino por una mujer que sobrepasaba los 150 kilos. Justo allí entendí que no solo me generó el mejor sexo oral de mi historia, sino que le produjo a mi novio una visión que llevó en sus retinas grabadas por siempre. Ella nos había proporcionado un contraste diferente a nuestra monótona vida. Y además material de excitación para masturbarnos por siempre.

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El tano

lindis

By Verónica Malamfant

Una noche, como tantas otras, habíamos llegado al lugar más top de la ciudad. Los jueves, Congo, era la cita obligada. Mujeres bellas y hombres guapísimos todos combinaban como en una perfecta obra de arte. Decididas con mi amiga, encaramos hacia la barra, conocidos y más conocidos se acercaban a saludarnos. Un grupo de italianos se aproximaron decididos a conquistarnos. Eran los más llamativos del lugar, impecables, sus trajes de Zegna emanaban elegancia concentrada en la esencia mas pura que no disimulaba la perfección de sus marcados y trabajados cuerpos.

Uno, en especial, miraba el profundo escote de mi vestido negro y ajustado, donde en mi espalda asomaba inocentemente mi tanga hilo dental con pequeños y diminutos brillantes. Su mirada me penetraba, me desnudaba, tanto que la evadía. Pero su insistencia lograba incomodarme, me hacia sudar. Un comentario suyo especialmente dirigido me hizo voltear, justo allí, supe que estaba perdida en su mirada, altanera, desafiante y que solo me transmitía una frase “quiero tu sexo”. Me guiño un ojo y con su dedo me señalo e increpó; “rubia a que no te animas a sentarte acá” Mis piernas temblaron por un instante, pero el desafío me pudo. Con un caminar sexy me dirigí hacia él. Sin quitarle la mirada de sus azules y profundos ojos, le tome la mano, y la hice rodear mi cintura. Con una fuerza bestial me sentó en sus piernas. El ya estaba duro. Me habló al oído. “Desde que te vi entrar te quise tener así” me besó el cuello, deslizó su mano por mi marcada espalda hasta entrar en mi cola, y no le importó que teníamos publico cautivo, pero parecían ser nuestros cómplices. El lugar explotaba de gente, que caminaba y brindaba, y él me masturbaba frente a todos, mi cara se descomponía de placer. No sabía cuánto más podría aguantar sin gritar. Tan hábil eran sus dedos que perfectamente se podía pensar que tenían vida propia e independiente de todo pensamiento. Sus amigos le hicieron un gesto de nos vamos todos a la casa del ruso. Me pregunto susurrando si nos íbamos también, con las pocas fuerzas que me restaban le asentí con una sensible inclinación hacia adelante. Firme y como todo un macho posesivo de su hembra me dirigió hacia el estacionamiento. Subimos a su camioneta, me practicó un sexo oral implacable durante aproximadamente una hora, me tenía en su boca, no me dejaba ir, lloré y grite, tanto placer me enmudeció aun mas, me quitó el vestido me dejo desnuda hasta llegar al apartamento, Al bajar me facilitó su saco, no me dejo ponerme otra cosa. Una vez en el departamento, estaban sus tres amigos en la cama con mi amiga. Nosotros miramos tímidamente a un costado, como no queriendo interferir. Era una imagen perfecta, digna de una película triple XXX. Una doble penetración y sexo oral, todo al mismo tiempo. Me volví a calentar, creí volverme loca de placer mientras el tano me tocaba y besaba, entonces, me tomo de la mano y me llevo a otro cuarto. Me penetro de todas las formas conocidas y de las desconocidas también, pero en un momento tome la rienda de la situación, le chupe la cola, lo penetré con mi lengua y con mis dedos, lo embebí con toda de mi saliva, el gozaba, gemía tan fuerte que sus gritos atrajeron uno a uno a sus amigos que sin darme cuenta ya tenían sus lenguas en mi vagina. Los dejé estar allí durante unos minutos hasta que los saqué de manera sádica. Amanecía y el sexo era cada vez más fuerte. Más salvaje. Ya era todos contra todos. Nos resumimos en la misma cama. Mi tano, ya no era más mi tano, era de ambas. Nos comía los pezones, nos masturbaba. Los amigos también hacían lo suyo. Sin fuerzas y habiendo tenido incontables orgasmos nos vestimos, nos despedimos y esa vez fue la última vez que los vi. Aun guardo el teléfono con aroma Armani, no sé por qué nunca me atreví a tirarlo, ni nunca me animé a llamarlo.

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Descontrol

vert

by Daniela Jorquera Micucci

Ella nunca buscó amor, siempre amo su libertad por sobretodo, tanto así que muchas veces estuvo sola, cuidando de su trabajo y viviendo bien, tuvo sus aventuras, pero nunca hicieron cambiar el rumbo de su vida.
Hombres elegantes e inteligentes, se podría decir que tuvo suerte, nunca tuvo malas experiencias, muy por el contrario, siempre ella manejaba a su antojo a quien estaba de turno, sabía darles lo que ellos buscaban, nunca tuvo problemas con ello, los amó a su manera a cada uno, fueron felices, pero ella nunca quizo comprometerse.

Hasta que se encontro con uno diferente, uno que deseaba, uno que era hombre completamente, con una carácter tan duro como el de ella, al que no podía controlar, por mas que lo deseara, uno que iba y venía de su vida como mejor le parecía.

Muchas veces lo maldijo, muchas veces lloró por el, muchas veces se propuso no pensar en el, sin embargo, entre tantos hombres que le ofrecían, lo que ella aceptaba, sólo por corto tiempo, la imagen de el no se borraba de su mente, se autoconvenció que era un capricho y se acostumbró a verlo casi nunca…

Casi, porque cuando se veían, parecía que el universo solo se iba a mover cuando ellos lo decidieran, desde verlo y besarlo hasta entregarle su alma en una abrazo, no le importaba nada cuando estaba con el, si lo vería de nuevo o nunca mas.

Solo verlo o escucharlo le bastaba para ser feliz por meses, aunque otro caballero la acompañara.

Era una relación extraña, pero de un modo u otro sabían que podían contar con encontrarse en algún momento.

Cada vez era mas fuerte el deseo de verlo, de tocarlo de ser suya de perderse en sus brazos hermosos, de escuchar su corazón después de que hacían el amor recostada sobre su pecho, su olor, sus manos suaves, su manera de hablar, su sonrisa, como pronunciaba su nombre cuando la amaba, como sus ojos brillaban al mirala, era lo que ella quería, pero nunca se lo dijo, se conformaba con verlo cada vez menos…

Muchas veces ella pensaba que era un fantasma, algo que su imaginación había creado, pero lo llamaba y el respondía el teléfono, no era una alucinación, el existía.

Hasta que su espíritu rebelde no la dejó continuar, lo llamó, el por supuesto llegó, los desvistio sin dejar de besarlo, el se dejaba querer y la animaba a seguir solo sonriendo, ella solo quería sentir el sabor de su boca, su olor, su pecho, su calor, sus manos recorriendola y el inmenso placer que el le regalaba, el hacía todo lo que ella pedía eran muy potentes sus encuentros, el resistía y ella entregaba, después el entregaba y ella recibía.

Sus bocas eran insaciables, no paraban de besarse y cada vez el calor era mas difícil de soportar, mas que sexo, era una batalla, pero se amaban así violentamente, eran iguales, no se daban por vencidos eran poderosos juntos y eso era los que los enloquecía, el arremetía duro entre sus piernas y ella lo ahogaba entre sus pechos, se mordían se arañaban, se hacían daño muchas veces, pero les daba placer, hacían locuras uno contra el otro no dejaban de sorprenderse, ella lo torturaba diciendole que después vería a alguien mas, el le decía que los conocía a todos, pero que siempre había un lugar especial para el, ella odiaba oir eso, el tenía razón.

Enloquecían dandose gustos… Cada batalla les dejaba heridas en la piel y el alma.

Ella no pudo mas, tras el último encuentro…

Busco un arma que su padre le regaló, pensó en ese amor que la enloquecía…

Le pidió perdón a la vida y disparó sin temblar contra su cabeza, muriendo de inmediato.

Jamás le dijo te amo, el tampoco, a pesar de lo que les ocurría…

El cuando se enteró, se dirigió a la playa y mirando el mar que ella adoraba tanto…

Sacó un arma e hizo lo suyo…

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