
By Veronica Malamfant Brun
De mis recorridos por varias ciudades, la que más recuerdo fue una pequeña aldea donde todo se compartía. Todo era todo. El formato social era transgresor, aunque a los visitantes no siempre les dejaban ver sus exóticas costumbres, mantenían cierto recato. Estaba con un amigo con el que venía recorriendo varios tramos de mi interesante viaje. Teníamos química pero había una muralla entre ambos, no teníamos ganas que el romance invadiera nuestra relación, tal vez el sexo a esa altura seria una especie de oasis.
Y así fue como el primer día cenamos en la primera de las casas que gustosamente nos ofrecían, no había hoteles, la comida la música y el ambiente eran exquisitos, muy simple pero esa simpleza que convierte todo en magia. Las horas pasaban así como las botellas de un vino deliciosamente orgánico, con el cuerpo del hombre más sexy, con el gusto a pecado.
Sathor era un lugareño que nos guiaba, nos aconsejaba y tenia puesta la mirada en las nalgas de mi amigo Fran que de muy mal humor se sentía. Después de varias danzas eróticas, la noche había tomado la temperatura de una brasa, si me acercaba me calentaba, pero si la tocaba me quemaba. Decidí quemarme junto a dos hermosos rubios, y una de sus tantas mujeres que para esa altura ya ni podía distinguir con una claridad objetiva. Solo sentía la mirada de mi amigo que padecía la noche o la noche lo padecía a él.
Los juegos de tres lenguas dentro de mi clítoris me llevaban a un mundo desconocido. Cambie de posición y despacio empecé a rozar los duros pezones de la mujer, los penes parecían sacados de una película de acción, a los que se les fueron sumando otros, por momentos era gente que venía. se acercaba a darme la bienvenida pero con su miembro erguido. Las mujeres a posar su lengua en mi vagina, el pueblo entero me acariciaba.
Fran miraba la situación, se sentía fuera, se veía fuera. En un momento tome su mano y quise incluirlo pero tímidamente me dijo que estaba bien. La noche termino y se llevo muchas cosas y hasta mis más profundos orgasmos. Pero al comenzar la mañana imagine que terminaría en una noche recordada por el descontrol pero no, al mediodía después del almuerzo la fiesta continuaría. Había más gente que conocer, más fluidos que intercambiar, más bocas y piernas que rozar. Mi lengua y mi boca a esa altura creían conocer cada pene, cada vagina del lugar. Los días pasaron y mi training se perfeccionaba, y Fran tímidamente empezó a seguirme pero sin poder entre nosotros conectar. Ya me habían ofrecido un lugar permanente, querían que me quede a vivir, no querían que me fuera. Pero el viaje debía terminar debía volver. La última noche seria de fiesta. Rose, una de las mujeres había preparado una gran sorpresa, todas le darían a Fran. Y así fue como le vendamos los ojos, bajamos a jugar con varias lenguas por su torso desnudo, caliente, hasta Sathor jugaba con su lengua y su boca en la cola de mi tímido amigo. Sus manos estaban atadas para que no pudiera saber quien lo besaba. Su piel era suave y tierna, comestible con un aroma a perfume natural que hipnotizaba. Sin que lo supiera, acabo en mi boca una de las tantas veces. Sin que lo supiera estuvo dentro mío otras tantas, se dejaba hacer de todo. Cuando finalmente descubrimos sus ojos yo estaba lejos para que no se enterara que había sido participe del juego.
Volvimos a nuestra habitación que compartíamos y me pregunto si yo había sido una de las tantas participantes y le mentí. Entonces me dijo: “es nuestro momento quiero hacerte todo lo que me estuve imaginando por todo este tiempo”. Ahí me arranco la ropa, me sostuvo con una violencia pocas veces vista en el, me masturbo, una y mil veces, sus dedos se empapaban de mi, su lengua jugaba en mis agujeros peligrosos, su pene vivido me penetraba, una y otra vez. Nada lo detenía, la mañana había despertado, y el mediodía se había ido, la tarde comenzaba a morir y él seguía dentro de mí. Era incansable, no recuerdo otra noche con tantas ganas, con tanta pasión. El momento de irnos habia llegado y debíamos partir. Agotados de tanto sexo agarramos nuestras mochilas y nos despedimos de nuestra familia sexual. Aun los extraño, y cada tanto tengo la fantasía de volver a quedarme por siempre a vivir en Swinger town.








