El taxista

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By Verónica Malamfant

Había caminado demasiado con mis botas taco aguja y subido varias escaleras ese día, estaba agotada, mis pies destruidos, necesitaba regresar a  casa. El transito era un caos literal y absoluto. Pare un taxi, subí apurada y mi pollera se engancho con la puerta del auto. Se rasgo de par a par, casi desnuda le pedí al taxista que me llevara de urgencia, que después seguiríamos viaje hasta un Hotel céntrico donde se presentaba la ultima colección de un diseñador amigo. Sus ojos no se despegaron de mis piernas en todo el viaje, lo sentía penetrarme con su mirada.

Llegamos, y al bajar tratando de tapar mis piernas con lo que restaba de pollera, tropiezo y caigo sobre una de mis rodillas, mi aguda torpeza había entrado en escena, mi pierna inmediatamente empezó a sangrar, mi día estaba destinado al desastre pensé, cuando de repente veo una mano robusta extendida y dispuesta a levantarme.

A medida que subía la mirada me convencía de la energía erótica de esas formas. Era el taxista que en un rapto de lucidez presurosamente se había bajado para auxiliarme. Me sonrió mientras miraba mis piernas desnudas que intentaba cubrir con mi portafolio.

Mi rodilla sangraba mi pierna se hinchaba. Y sin mediar palabra me levanto en sus brazos fuertes de hombre de trabajo. Podía sentir los callos de sus manos sobre mis piernas. Mientras yo pensaba todo eso él me preguntaba: “cual de todas es su casa?”. Yo no podía despegar mi mirada de sus brazos enormes y fuertes. Su altura era imponente, su aroma exquisito: a HOMBRE.

Pasos de mas pasos de menos me abrió la puerta de casa, me llevo hasta mi cuarto y me poso sobre mi cama, enseguida rompió la manga de su camisa para parar la sangre de mi rodilla, me sentía la heroína de una película erótica, fue hasta la heladera busco hielo y me lo coloco sobre la herida. Estaba muda. Estaba excitada.  Tan apuesto, seguro y seductor se movía que lo imagine teniendo sexo. Arrancándole el resto de camisa, devorando su sexo en un segundo.

Pero, curiosamente fue tan educado que me dejo cambiar, me espero y me ayudo a llegar al taxi nuevamente. Condujo en silencio hasta el Hotel. Tomo mi mano y me ayudo a bajar. Cuando le pague me dejo su tarjeta. Me escribió un mensaje mientras no podía despegar mi mirada absorta sobre su pelo que le cubría la mitad de uno de sus ojos profundos. Como pude agradecí y me fui, no queriendo leer lo que me había escrito.

Me sentía idiotizada por tanto exceso de química. Un fuego interno me incendiaba. Había despertado una fiera. No recuerdo bien como llegue hasta la escalera, me senté para leer su tarjeta que decía claramente: “te espero afuera hasta que termines tenemos algo pendiente”.

No podía creer, cuanta personalidad…..cuanta testosterona al solo servicio de un solo hombre…. no podría ni querría aguantar a que termine el desfile para tenerlo en mi cama. Me fui al toilette, me arregle, abrí los botones de mi vestido, acorte mi falda y como si no tuviera nada en mi rodilla camine segura hasta la salida, casi hasta que corrí…

Estaba ahí, parado junto a su auto. Nos miramos fijo y sabíamos que terminaríamos entrelazados y sudando horas. Así llegamos a casa después de besarnos durante todo el corto viaje. Me llevo en andas fuimos directo a la ducha. Lo enjabone todo. Mordí su nuca, él respondió rasgándome la piel, arañándome.  Quería que me poseyera en todos los sentidos, quería sentirlo dentro mío incansablesveces.

Susurre palabras sucias a su oído, mi especialidad con los hombres y lo hice acabar. Me desvirgo lugares nunca antes concurridos y quise quedarme para siempre en su entrepierna, comiendo, degustando, mordiendo, accediendo a su cola.

Sentía deshacerme entre sus besos, después de varias horas de lucha sexual y apocalíptica convinimos por el bien de ambos dar por terminada la sesión.

Le subí el pantalón, abroche sus botones. Le peine su cabello oscuro y largo por los hombros. Até cuidadosamente el cordón de sus zapatillas. Y subí lentamente besando su entrepierna cubierta de tela. Otra vez mas me masturbo contra la pared, esta vez de espaldas y con mas furia que antes. Se fue dejándome su saliva entre mis piernas.  Me pidió mi número de teléfono y se lo di intencionalmente errado. Pero eso no lo detuvo.

Todos los viernes me esperaba a la salida de mi trabajo, y me llevaba hasta la cama donde arrancaba mi ropa y me dejaba degustar de sus manjares exquisitos. La pasión duro varios años, y fue tan fuerte que cada tanto me llama con alguna excusa…….

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