
By Verónica Malamfant
Una noche, como tantas otras, habíamos llegado al lugar más top de la ciudad. Los jueves, Congo, era la cita obligada. Mujeres bellas y hombres guapísimos todos combinaban como en una perfecta obra de arte. Decididas con mi amiga, encaramos hacia la barra, conocidos y más conocidos se acercaban a saludarnos. Un grupo de italianos se aproximaron decididos a conquistarnos. Eran los más llamativos del lugar, impecables, sus trajes de Zegna emanaban elegancia concentrada en la esencia mas pura que no disimulaba la perfección de sus marcados y trabajados cuerpos.
Uno, en especial, miraba el profundo escote de mi vestido negro y ajustado, donde en mi espalda asomaba inocentemente mi tanga hilo dental con pequeños y diminutos brillantes. Su mirada me penetraba, me desnudaba, tanto que la evadía. Pero su insistencia lograba incomodarme, me hacia sudar. Un comentario suyo especialmente dirigido me hizo voltear, justo allí, supe que estaba perdida en su mirada, altanera, desafiante y que solo me transmitía una frase “quiero tu sexo”. Me guiño un ojo y con su dedo me señalo e increpó; “rubia a que no te animas a sentarte acá” Mis piernas temblaron por un instante, pero el desafío me pudo. Con un caminar sexy me dirigí hacia él. Sin quitarle la mirada de sus azules y profundos ojos, le tome la mano, y la hice rodear mi cintura. Con una fuerza bestial me sentó en sus piernas. El ya estaba duro. Me habló al oído. “Desde que te vi entrar te quise tener así” me besó el cuello, deslizó su mano por mi marcada espalda hasta entrar en mi cola, y no le importó que teníamos publico cautivo, pero parecían ser nuestros cómplices. El lugar explotaba de gente, que caminaba y brindaba, y él me masturbaba frente a todos, mi cara se descomponía de placer. No sabía cuánto más podría aguantar sin gritar. Tan hábil eran sus dedos que perfectamente se podía pensar que tenían vida propia e independiente de todo pensamiento. Sus amigos le hicieron un gesto de nos vamos todos a la casa del ruso. Me pregunto susurrando si nos íbamos también, con las pocas fuerzas que me restaban le asentí con una sensible inclinación hacia adelante. Firme y como todo un macho posesivo de su hembra me dirigió hacia el estacionamiento. Subimos a su camioneta, me practicó un sexo oral implacable durante aproximadamente una hora, me tenía en su boca, no me dejaba ir, lloré y grite, tanto placer me enmudeció aun mas, me quitó el vestido me dejo desnuda hasta llegar al apartamento, Al bajar me facilitó su saco, no me dejo ponerme otra cosa. Una vez en el departamento, estaban sus tres amigos en la cama con mi amiga. Nosotros miramos tímidamente a un costado, como no queriendo interferir. Era una imagen perfecta, digna de una película triple XXX. Una doble penetración y sexo oral, todo al mismo tiempo. Me volví a calentar, creí volverme loca de placer mientras el tano me tocaba y besaba, entonces, me tomo de la mano y me llevo a otro cuarto. Me penetro de todas las formas conocidas y de las desconocidas también, pero en un momento tome la rienda de la situación, le chupe la cola, lo penetré con mi lengua y con mis dedos, lo embebí con toda de mi saliva, el gozaba, gemía tan fuerte que sus gritos atrajeron uno a uno a sus amigos que sin darme cuenta ya tenían sus lenguas en mi vagina. Los dejé estar allí durante unos minutos hasta que los saqué de manera sádica. Amanecía y el sexo era cada vez más fuerte. Más salvaje. Ya era todos contra todos. Nos resumimos en la misma cama. Mi tano, ya no era más mi tano, era de ambas. Nos comía los pezones, nos masturbaba. Los amigos también hacían lo suyo. Sin fuerzas y habiendo tenido incontables orgasmos nos vestimos, nos despedimos y esa vez fue la última vez que los vi. Aun guardo el teléfono con aroma Armani, no sé por qué nunca me atreví a tirarlo, ni nunca me animé a llamarlo.









Thursday, 7. January 2010
Este sí que es un relato erótico con clase.
Friday, 28. May 2010
One of the best I have enjoyed so far. All details was well thought of and properly written down. The best of luck in everything you do.
Tuesday, 1. June 2010
I think this is a great post. One thing that I find the most helpful is number five. Sometimes when I write, I just let the flow of the words and information come out so much that I loose the purpose. It’s only after editing when I realize what I’ve done. There’s defiantly a lot of great tips here I’m going to try to be more aware of.